El mundo no hace aguas
hace baladas,
no hay áticos para
llenar de alamedas,
no hay alcantarillas.
No hay suspiros si no hay
aliento y mujer de hojalata.

No hay ataques ni infartos, ni ictus,
no hay locuras ni pensamientos
en los manicomios…
No hay moneda de cambio,
no hay saltos
ni desde el suelo, ni desde el cielo,
no hay nombres ni canciones ,
ya ni siquiera hay duelos.
No hay balas reales,
no hay dinamita por los suelos,
ni restos en guantes o dedos.
No hay guías que nos eleven, ni ladrillos
para mostrarnos el hundido hueco.
No hay tormentas o desastres,
no nos quedan tsunamis, olas o vientos.

Somos, eso sí, nosotros
un capuzón en un deshielo,
en piscina o mar absurdo
en un faro echándonos de menos.
Es horrible y asqueroso
y es una mierda y es un te quiero,
es un potingue, un coñazo,
es nuestro secreto.
Somos ese todo y ese nada,
ese grito y ese susurro,
ese orgasmo y aquella chorrada.
No hay mínimos ni máximos,
ni horizontes o contrabandos,
son licores y vitaminas,
sin malicias o sicarios.
No hay biblioteca con tejado,
ni chimenea ni perdones,
ni mordiscos o bocados…
No cae el tedio que inunda
porque no hemos perdido las manos,
ni los pies, la piel,
ni siquiera fuimos a salvarnos.
No nos mordemos para matarnos,
no hay tanta hambre, ni tanto cansancio,
ni somos instinto, ni valientes para odiarnos.
Somos la presencia y el testigo
de tanta mierda, de tanto asfalto.
Somos persianas de cobalto.
Somos letras y alegatos,
explicaciones y mandatos,
fines de tesis y autores borrachos.
Somos pasadizos y detectives,
laberintos y besos acobardados,
aventura y cansancio.

Gemidos y un “ya me he acostado”.
Huelen tus sábanas en tu regazo,
a beso limpio, a recién puesta,
y a acostumbrado.
También a casa, a paso firme,
a no me quejo, a concordato.
A esto amo, a no me muevo,
a yo soy firme, a yo protejo…
Y hay sábanas de seda que se me han muerto
siendo de hilo de buenas noches,
de dulce cáliz, de aspavientos.
De gemidos sonrosados,
de dulzura con tu boca,
de lengua roja sobre fondo negro,
de fondo gris sobre mojados dedos.
Y luchamos vestidos de jueves
para llegar a lunes siendo:
Mierda, esqueletos,
callejones, pozos viejos,
peones, damas, deshonestos.
Damas blancas, oscuras
sedientas de rey, con bragas mojadas.
Rey negro, alfil
saliendo de la fábrica del tiempo.

Y, de entre cenizas, peones,sedientos.

Y, con todo esto, llega un Febrero
y amanece. Y ¿despierto?
Te amo, te quiero,
te deseo, te espero,
te nombro, te bebo,
te anhelo…
Y, aún así, llega Diciembre
y colgados de alambres,
de guirnaldas, de jardines
de Enero… de infiernos
te quiero.
Que me quieras,
que te quiero,
que no llores,
que no llore.
Que no me hagas sentir
más deseo.
Porque me muero.
Que no me quieras
para no quererme,
que no me desees
para no tenerme,
que no me ames
si no existes…
Si no hay abrigos ni rebecas,
pantalones, bragas o cuerdas
que nos aten…
Si no me tienes,
si no te tengo,
si me quieres,
si te quiero,
si todos los putos verbos,
si sus conjugaciones
o sus perros versos.
Si es sólo vanidad
o un largo paseo
por los jardines del “te aborrezco”.
Si te hice daño,
si me has herido,
si me has estrellado contra el suelo.
Si te escupí en las heridas,
si soy amor y un muerto.
Si me has sentido,
si me has abrazado,
si me has cogido
o congelado
o abrasado
o matado
o follado
o soñado
o temido…
Si ha tenido miedo
hasta de mis pestañas,
si me abrazaste el pelo
pero peinabas mi alma…
Si me has roto como una muñeca,
si me sacaste el trapo
y los hilos de las entrañas.
Si he muerto,
pero bien muerto contigo,
mil y una vez
y mil veces resurgido;
Si hemos resucitado
si nos hemos hundido,
si fuimos Titanic
pero también somos niños
y hemos sobrevivido…
Si me hiciste planeta
y no puedes alimentarlo,
si me has hecho nube,
si me has follado en Venus,
si me has lamido en la Luna
si sólo somos Tierra…
Si Bob Dylan es lo que suena,
si lo que suena no lo necesitas,
si el concierto de año nuevo es una mierda,
y nuestras voces desafinan…
Abrázate a mí.