Imagen                       Se puede querer de una sola vez, de un solo bocado. Con lengua ávida o con mirada triste. Se puede obtener placer de aquellas manos que, en la distancia, andas toqueteando con inexpertas caricias, con texturas de barros pasados, de arenas rojizas de otros tiempos.

Se puede sentir la belleza de una sola vez, de un solo trago. Se puede desvestir el alma para entenderla o simplemente para comerla a mordiscos, a traición y con despecho.  Se puede estar lejos o cerca, encima del vientre que tanto te gusta o debajo de los ojos que te desean. Se puede. Se puede ser tormenta de besos en pocas palabras, en momentos críticos, en mojados tiempos. Se puede y se tiene que ser aroma a recuerdos, amizcle de pieles, vainilla y caramelo. Y, aún así, oler a salado, oler a sexo.

Se puede ser la espera de silencios, la transparencia, la discreción y quien templa los nervios y, aún así, amar como lobos, como animales de fuego.

Se puede saber cómo saben tus besos, qué empuja el gemido, cómo duelen las ganas de mí entre tantas ganas… Y, aún así, olvidar tu aliento.

Se puede, se debe querer tanto en tan poco espacio, en tan infinito tiempo.