Me subí a un abrazo de tacón y lo miré en el espejo.
-Te quedan perfectos- me dice sonriendo-
-No, me duelen
-Pero si son de tu número
-Lo sé, por eso duelen
-Espera, te saco un número más
-No, no, yo quiero mi número
-Pero si te aprietan…
-Sí, me aprietan y me duelen. Es mi número, por eso será.
-No podrás andar con ellos…
-No andaré con ellos.
-Si nunca andas con ellos no dejarán de hacerte daño
-Quiero que duelan cada vez que me los ponga. Son bonitos, son mi talla, tienen mi color preferido y me abrazan. Todo perfecto.
-No lo entiendo
-Pues es bien sencillo. El día que dejen de doler ya no serán bonitos, ni de mi número. Dejarán de apretar y de doler. Ya no me abrazarán, serán zapatos. Ya no querrán andar conmigo y los perderé. Así es como dejan de doler.