Echo de menos oír tu voz entre sueños arrullándome despacio mientras me abrazabas para que durmiera tranquila, echo de menos las conversaciones sin fin enredadas entre juegos de palabras que seguían días después entre carcajadas ahogando mi respiración y que te encantaba provocar. Echo de menos cada minuto de cada día en los que intercalabas un te quiero con un insulto cariñoso, echo de menos tus verbos. Echo de menos tus manos y tus versos, tus besos y tus canciones, tus despedidas solemnes de las que regresabas a las dos horas. Echo de menos los planes y los guiños, los lunares y los pitillos, las horas vivas al teléfono, las horas muertas sumadas de nuestros silencios. Echo de menos el ser y el estar, el no irnos y el quedarnos, la sensación de ingravidez, la de que un siempre sería eterno. Echo de menos todo lo que éramos, echo de menos tu calor como certeza, un tú de dos letras. Un tú. Porque yo sola, ya no.