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Un día olvidamos quienes éramos y nos convertimos en mortales. Los mortales tienen demasiados defectos, demasiadas imperfecciones y nunca sonríen. Así es imposible vivir. Es posible que quien nunca haya vivido dentro de una pompa de jabón sepa de qué hablo y tampoco importa. Solo advertir que la fragilidad del jabón es directamente proporcional a la felicidad que proporciona.