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images Te debía un verbo

      Se rompen los cristales y los espejos, las tormentas y los sueños. Nacen las luces del día y apagas el eco de tu voz diciendo te quiero. Mueren las flores de un día porque para ello nacen bonitas, desayunas besos de azúcar imaginando un recuerdo. Comemos litros de letras, marcamos con lápiz el camino de regreso, recordamos sus golpes en la ventana y sonreímos.
Mordemos la tristeza porque no tenemos tiempo, secamos al sol las sábanas que mojamos con las manos dentro. Pintamos con acrílicos y rajamos las telas olvidadas. Abrimos las puertas para que entre la música, cerramos corazones porque están helados, buscamos su aroma en un frasco, cortamos hojas de verano.
Rozamos nuestra nariz con el frío, estornudamos cuando un mal pensamiento nos sopla, bebemos cremas de belleza, compartimos perfume anhelado, fumamos aires de postales rotas. Descolgamos teléfonos que no marcamos. Encontramos la manera, nos quedamos y nos fuimos. Estaremos o no seremos. Inventamos el escenario, los personajes y la banda sonora. Rugimos y gritamos onomatopeyas tristes, alegres, excitadas.

Deshicimos el camino y se borraron las huellas de la arena. Las desencuentra el farero, las desaprende la sirena. Suenan las notas de una canción, aplaudimos con la mirada y nos fundimos en besos. O en negro.

Tragamos victorias y asumimos derrotas, suavizamos lazos, elevamos cuerdas, fotografiamos columpios, retazos de pieles, almanaques tachando las fechas. Escribimos un cuento; con tus ideas, con tu eres, con mi soy, con que escribirás, con mi creer en ti.

Construimos sin plano y sin plano borramos. Apartamos ropa con los dedos y el pelo de la nuca, besamos gestos según la hora del día, corrimos pisando charcos y aparcamos coches en carreteras perdidas.

Supimos o no supimos, meditamos o no pensamos, acertamos o nos equivocamos.

Regalamos vainillas y moras, bautizamos fugaces creyéndolas fijas, firmamos solemnes con apellidos declaraciones juradas, rozamos el cielo aunque no haya que bajar nada de él. No olvidarte de sonreír, nunca, como nota mental aprendida de ti.

Inventaste el verbo que me quería y yo te lo debía: Otoñear me gusta, aunque sea un sueño.

Te otoñeo.