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                                                                                                   Gracias a Noelia Corpas por evocar estas palabras a través del título. Tuyo es.

 

    El miedo es rojo, brillante, provocador, escandaloso como la sangre, llamativo como unos labios pintados, doloroso como un corazón acelerado. A veces asusta, a veces es atractivo.

   Empiezas moviendo una copa de cristal con gesto rápido para ver formarse las burbujas que determinan el grado de alcohol del vino. Y a través del cristal te meces con incansable vaivén mientras piensas si tienes miedo. Tú, valiente, obstinada, segura, analítica. Muerta de miedo.

    La duda se mueve en la escala de los lilas, desde el malva más pálido al morado más intenso, casi negro. Y esa intensidad no deja de bajar y subir, bajar y subir… Lila, malva, morado, morado, lila, malva…Arriba, abajo, abajo, arriba… Sube, baja… Estás tan segura de estarlo, tan insegura de estar segura…

    Metes un dedo en la copa y lo mojas para llevártelo a los labios y extenderlo por ellos con la intención de olerlo desde ahí, de probarlo sólo un poco pero sin que intervenga la lengua. Eso es una duda. Vino rojo.

    Levantas la copa, bebes un sorbo y dejas que caigan unas gotas por tu barbilla hacia el cuello y resbalan con enloquecedora lentitud hasta tu pecho erizando, expertas, la piel a su paso hasta acabar perdidas…Tan perdidas como tú. Es miedo. Vino morado.

    Duda envuelta en miedo, miedo que te hace volver duda tu certeza. Bocados de realidad que no quisieras conocer, intrigas llenas de deseo, humedades del corazón que abren brechas de sentimientos en tus ganas de que todo sea como crees. Goteras entre las manos que crecen y crecen y crecen. Pálida esa luna a la que miras cuando quieres echar a correr porque te mantiene los pies en la tierra. Canciones que suenan en sus palabras y que tarareas mientras cierras los ojos. Autopistas de cariño que convergen en su sonrisa y que te tranquilizan desnudándote los miedos. Y te mueres de amor.

 

    Vino coherente, divertido, elegante y atrapado en el cristal por el que miras. Suave, como tu sueño, áspero como cuando se aleja de ti y apenas puedes gritar, cándido como las luces que dibujan su silueta a tu lado en la cama, tibio como sus labios en tu escote, voraz como su lengua buscando la tuya, líquido como el deseo entre las piernas, húmedo como su pelo entre tus dedos, altivo como su gesto por las mañanas, sencillo como ese lugar donde creció, metódico como su ambición, perfecto como su cuello, limpio como su mirada, desgarrador como cuando está dentro de ti, sereno como el niño que fue, amargo al final cuando se esfuma con el aire, afrutado como su saliva, carnoso como tus muslos rodeándole, tierno como su corazón, con cuerpo como su personalidad, agresivo como su sexo, lleno como tu alma de él.

 

Vino rojo, vino morado, miedo, duda, tú. Rojo, lila, morado, él.