“Un trozo invisible de este mundo”, de Juan Diego Botto

Hablar de inmigración y exilio se convierte en estos momentos en una necesidad imperiosa por parte de todas las personas de buena voluntad. Nunca fue fácil para nadie salir de su país y sumergirse en un mundo desconocido dónde lo mejor que podrían recibir sería una ignorancia hiriente y lo peor, muestras de absoluto desprecio bañadas en explotación, maltrato y vejación.
Se convierte, decía, actualmente en una necesidad hablar de ello, pues las tendencias de los países en crisis viajan, como de costumbre, a cebarse con las personas extranjeras que conviven con nosotros.
Juan Diego Botto nos escribe un texto duro, denso, con matices de humor que te hielan la sangre. Te mira a los ojos para decirte que todo eso que nos cuenta, es la esencia del país en el que vivo. Y hace que me de mucha vergüenza. Mucha.
“Un trozo invisible de este mundo”, dirigida por Sergio Peris-Mencheta y puesta en escena por el mismo Botto y Astrid Jones, se compone de cinco piezas que nos embarcan en un paseo cuyo viaje es un caleidoscopio de ternura, impotencia y despropósito. Dónde el exilio es narrado desde el desgarro más romántico y cruel exento de mensajes ocultos, de consejos condescendientes o moralejas.
Emocionada es mi recomendación.